Chapter 7#
—George, yo… soñé con esta librería, es la de mi sueño—
Era una gran librería con escalones que llegaban a una pequeña puerta de vidrio, las paredes eran de color beige, tenía un cartel que decía “librería”, era igual que mi sueño, sentía que ya había vivido esto…
— ¿quieres entrar? — preguntó mi amigo, y antes de que respondiera, mis ojos se cerraron y no sentí mas que mi cuerpo caer al suelo.
—Daphne, ¿estás bien?
— ¿George? ¿Qué hago aquí? — miré a mi alrededor y noté que estaba en un hospital.
—estábamos por entrar a la librería y te desmayaste. Pero luego llegó tu amado Joe y me ayudó a traerte— y refunfuñó.
— ¿de verdad? —
—Así es, está en la sala de espera junto a tu padre—
— ¿Cómo dices? — exclamé exaltada y me levanté de la camilla.
En es mismo instante, mi padre ingresa a la habitación y me sonríe. Comenzó con sus preguntas de que había sucedido, no podía decirle nada, ya que ni yo entendía porque me había desmayado, aunque sospechaba que era acerca de mis sueños. En fin, con la excusa de que no había desayunado y de que era una fría mañana en Portland, logré calmar a mi padre y en pocas horas, volver a casa.
Salí de la sala y ahí se encontraba Joe, me era inevitable sonreír al verlo.
—Me alegra verte bien— soltó mientras liberaba su amplia y hermosa sonrisa.
—gracias por quedarte, no debiste hacerlo.
—quería asegurarme de que estés bien—
—gracias, de verdad Joe, no me conoces muy bien y te preocupas por mi, eso es muy lindo de tu parte. Me senté junto a él y sonreí, no podía ser mas dulce, ¿verdad?
Finalmente, me dejaron salir del horroroso hospital para volver a casa. Odiaba los hospitales, su olor, los ruidos, todo; saber que tu vida depende de ese lugar, de los doctores, y de las máquinas que no siempre son exactas. Aunque la explicación de mi odio es simple, mi abuelo paterno murió en ese hospital, creo que eso es algo que nunca pude superar.
Al llegar a casa, me dirigí a mi habitación junto a George, miramos películas hasta que nuestros ojos quedaron hinchados como dos platos, miré fijamente la ventana y recordé que mis hermanos aún no regresaban, así que decidí llamarlos.
-hola?-
-hola, ¿Quién habla?-
-llamar sin saber a donde no es algo estúpido-
-lo siento, es que no reconozco la voz, ¿está Sam?-
-así es, de parte de quien-
-la hermana-
-¿Daphne?-
-no, Aurora-
-si, eres Daphne, ¿Cómo has estado?-
-bien, ¡hey! tu voz está mucho mas ronca, estas viejo Nicholas-
-creí que dejarías de molestarme, que iluso fui-
-¿Quién es el que me molesta desde los 5 años?-
-créeme que tengo mejores cosas que hacer-
-por supuesto que si, en fin ¿me dejarías hablar con mi hermano?-
-de acuerdo, ahora lo llamo-No entendía porque, pero volver a hablar con Nick me alegro demasiado, estaba preocupada por su salud, y ahora lo escucho excelente. Terminé de hablar con mi hermano y comencé a prepararme para ir a los bolos, estaba muy entusiasmada.
Luego de terminar de ducharme me cambié con unos jeans, mis zapatillas, una remera al cuerpo negra y un sweater blanco con cuello redondo.
Bajé las escaleras y allí estaba Sam tirado en el sillón. Me senté junto a él y lo miré sorprendida.
—¿Qué sucede?— pregunté mientras observaba su estado de ‘moribundo’.
—estoy cansado de las mujeres— acotó mientras tapaba su cara con un almohadón.
—no me digas que eres gay, peor aún, ¿Nick es tu pareja?— bromée.
—no seas tonta, tengo un problema… me gusta la exnovia de Nick, ¿Qué hago?—
—olvídala, no creo que a él le guste que salgas con ella—
—puede ser, ¿Por qué todo lo malo me ocurre a mi?—
—deja de llorar como niña, podría ser peor.
—es cierto, soy el mejor de los perdedores— exclamó de un salto.
—sabes, debería enviarte a un psiquiatra—
—yo también te quiero— murmuró sarcásticamente y se fue a la cocina.
Luego de unos minutos Stevie llegó del trabajo, me saludó y subió las escaleras rápidamente para prepararse para irnos. Minutos después, Sam bajó las escaleras y volvió a sentarse junto a mi.
—¿Por qué somos mellizos?— preguntó mientras me miraba de arriba abajo.
—¿Por qué lo preguntas?—
—porque, no somos parecidos, excepto los ojos y el color del cabello, nada más.
—Samuel Routh, ¿puedes dejar de cuestionar todo?—
—me hubiese gustado tener un mellizo, no una melliza—
—a mi me hubiese gustado tener un mellizo con cerebro, pero no tuve suerte— adoraba pelear con él.
—en eso si nos parecemos—
—mejor ve a abrir la puerta, ¿de acuerdo?—
—como sabes…— sonó el timbre. —¿eres adivina?—
—no, tengo cerebro que es diferente. Sonreí macabramente y abrió la puerta, no podía creer lo que mis ojos veían, nuevamente las mariposas salieron de mi estómago, lo amaba con todo mi ser, es obvio que hablo de Joe.
comment?
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