Luego de la hermosa caminata, volvimos a la cabaña, Steve estaba afuera, tenía en sus manos una larga vista, espero que no lo haya usado para lo que yo pienso, si no estará en problemas…
— ¿no les parece que es un poco tarde para volver de una caminata entre amigos? — y frunció el seño.
—Joe, mejor ve con los chicos— aconsejé sin quitarle la mirada a mi hermano mayor.
—De acuerdo—
Él se sentó en el escalón que se encontraba antes de la puerta y yo imité su acto.
— ¿me puedes explicar para que usaste ese larga vista? — mi voz se había puesto ruda y firme, estaba muy enojada.
—quería asegurarme de que todo esté en orden, no sabía que los amigos se besaban—
—Steve, somos prácticamente novios, creí que lo sabías—
—no quiero saberlo ni imaginarlo—
— ¿por qué?
—porque es terrible ver como tu hermanita crece— y me miró enternecidamente. —Me cuesta verte como a una mujer, siempre has sido la consentida, la que me insistía para jugar a las muñecas y lo tenía que hacer porque comenzabas a llorar si no lo hacía—
—es cierto, pero Steve, yo crecí, y no soporto tus escenas de hermano sobre protector—
—te entiendo, pero no quiero verte sufrir, la verdad es que no confío mucho en Joe
—no confías en ningún chico que se me acerque—
—Sabes como es esto de las hermanas y hermanos—
—esta bien, pero… no lo vuelvas a hacer, ¿de acuerdo? —
El asintió con su cabeza y luego de hablar de mi relación con Joe, ingresamos a la cabaña. Todos estaban sentados en forma de círculo, con snacks en el centro, discutiendo sobre deportes, hablando de chicas, entre otras cosas de chicos.
Era algo aburrido, ya que no encajaba en la conversación, hasta que Nick y George trataron de integrarme hablando de cosas que compartíamos todos.
Era un picnic pero dentro de la cabaña, era divertido, me recordaba a cuando éramos pequeños y nos escondíamos junto a Nick y Sam debajo de la mesa para comer “las galletas prohibidas”, las llamábamos así porque nunca podíamos comerlas a cualquier hora. Pero siempre buscábamos la forma de poder salirnos con la nuestra. Nuestra infancia fue la mejor, sin duda.
Luego de la divertida cena, nos preparábamos para ir a dormir, aunque tenía muchas ganas de hablar con mi mejor amigo. Cepillé mis dientes y me puse mi pijama. Me dirigí a la habitación de los chicos y los saludé.
—George, ¿podemos hablar? —
— ¿psicoanálisis a psicóloga? —
—así es— y me reí del término que mi amigo había utilizado.
— ¿podemos hacer una sesión grupal? — preguntó Sam mientras se acomodaba en la cama.
—De acuerdo—
Apartamos las camas y tiramos los colchones al suelo. E intentamos de armar una carpa, ya que paramos dos camas, una en casa punta y colocamos una sábana sobre estas.
—bueno, ¿Quién comienza? — pregunté mientras me acomodaba al lado de mi mellizo.
—las damas primero— exclamó Nick sonriendo.
Resignada, comencé a comentar mis problemas: desde mi relación con Joe hasta mis extraños sueños, creo que hablé durante una hora sobre aquello. Y debo admitir que me hizo muy bien hablarlo.
— ¿soñaste con el libro y con mi hermano? — preguntó Nick confundido.
—Así es, no sé porque, debo estar loca—
—Espera— y buscó algo en su mochila y al ver que era quedé completamente sorprendida. —este es “el Paraíso”, es una historia sobre un amor imposible, aún no leí el final, pero la manera en que está narrado parece del siglo XIX—
Miré a George confundida. — ¿Dónde lo conseguiste? —
—en la librería de mi abuelo, ¿la recuerdas? Antes de su muerte él me lo obsequió, me dijo que se lo agradecería algún día—
De acuerdo, si antes estaba confundida ahora lo estoy el doble. ¿Por qué soñaría con ese libro? ¿Por qué soñaría con la librería de su abuelo?
Ya no se que creer, que conclusión sacar. Intento buscarle una razón lógica a lo que me está sucediendo, pero se me hace imposible. Esto debe significar algo, pueden tratarme como a una loca, pero estoy segura de que estos sueños me llevan a algo.
comment?
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